Como habréis visto, el blog ha cambiado de nombre esta semana, no es que os hayáis equivocado. He pasado de “Clientes somos todos…” a “human2human“.

Cuando puse “Clientes somos todos…” lo puse con la intención de destacar que no hay nadie que sea proveedor absoluto, es decir, que no sea cliente de nadie. Todos estamos en los dos lados de la balanza en diferentes momentos, y eso nos debe servir para poder entender mejor cómo recibimos la información y cómo la ofrecemos.

Pero, conforme ha ido avanzando el blog, me he dado cuenta de que, en el fondo, lo que realmente hay que tener en cuenta es que, cuando llamamos a un centro de atención al cliente, cerramos una venta, intentamos empezar una empresa… lo que hacemos es ofrecer a otras personas nuestros productos o servicios. Si conseguimos llegar a ellos como personas, conseguiremos llegar a ellos como clientes. Si no conseguimos llegar a ellos como personas, tal vez cerremos al venta, tal vez creemos la empresa, tal vez nos devuelvan el dinero… pero el vínculo creado entre empresa y cliente (estemos en el lado en el que estemos) no valdrá nada. Si este vínculo no es HUMANO vale lo mismo que el código de la factura que han generado. Si es HUMANO, el vínculo tiene nombre y cara. Es un vínculo que no apela a lo racional, sino que apela a lo irracional. Tal como dice Simon Sinek en una charla de la que ya hablé, si nos quedamos como el código de una factura apelamos al qué. A lo racional. Si ponemos cara y nombre a la relación, al servicio, al producto; estaremos apelando al porqué. A lo irracional.

Por eso decidí que el blog dejara de llamarse “Clientes somos todos…” a “H2H”. Human to Human.

Bienvenidos (de nuevo).

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