Llevo varios días poco inspirado… hay muchas cosas que me rondan por la cabeza. Pero hay una cosa que, al hilo de lo que decía la semana pasada, quería comentar.

Actualmente, y más si tenemos en cuenta la crisis que hay y los pasatiempos que utilizan los políticos, tendemos a mirar mucho más los bolsillos y las consecuencias económicas inmediatas de lo que hacemos que no el porqué hacemos lo que hacemos.

Como ya comenté en la última entrada, considero que de esta crisis sólo podrá salir aquella empresa que base su modelo de negocio en las personas. Que consiga que tanto sus clientes como sus proveedores sientan que son tratados como personas y que el motivo de su negocio es tratar a personas.

Esta filosofía no sólo debe enfocarse desde el punto de vista del trato directo al cliente, sino que debe estar presente y regir TODAS LAS DECISIONES DE LA EMPRESA. Cada vez son más l@s valientes que se despiden a si mismos del trabajo rutinario de oficina, que podría hacer perfectamente un ordenador pero que comprarlo es demasiado caro, y deciden aportar su granito de arena a la sociedad creando productos con la intención de ofrecer a los demás aquello que echaban de menos… y, además, de ser felices.

Deberíamos basar muchas más decisiones en nuestra vida en lo que nos hace felices que en aquello que nos reporta beneficios.

Tal como decía Steve Jobs en su famoso discurso de Stanford:

Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo como: “Si vives cada día como si fuera el último, algún día tendrás razón”. Me marcó, y desde entonces, durante los últimos 33 años, cada mañana me he mirado en el espejo y me he preguntado: “Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?” Y si la respuesta era “No” durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo.

Leyendo el blog de Pau Samo (que os recomiendo encarecidamente -está en catalán) en el que da pequeñas píldoras sobre empresa y vida me encontré con una que hacía referencia a la economía del bien común y hablaba del RSC. El RSC es la responsabilidad social corporativa. Es una hoja de ruta que se marca la propia empresa en la que se definen los objetivos y la forma de proceder con sus stakeholders, es decir, todo aquél que interactúa con la empresa. No sólo los accionistas (que también), sino con los trabajadores, proveedores, la comunidad en la que está la empresa en cuestión, el medio ambiente… es decir, se plantea la empresa más allá del dinero. Actualmente todavía se utiliza más la RSC como publicidad: “mirad qué guays somos que como filosofía sobre la que levantar la empresa. Pero, poco a poco, debemos conseguir que esta RSC ayude a que las empresas quieran no sólo obtener beneficios, sino colaborar para conseguir hacer un mundo mejor.

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