La importancia de la actitud

Hace 2 años estaba gestionando por primera vez en mi vida los papeles del paro en el INEM. La verdad es que yo en lo que respecta al trabajo siempre he tenido suerte. Desde los 19 años he estado siempre trabajando. Abrieron una tienda IKEA cerca de casa, fui, y tras una selección masiva de personal que parecía más un casting tipo Operación Triunfo (era lo que estaba de moda entonces) me cogieron con contrato indefinido y me estuve hasta que decidí cambiar de trabajo. Mientras estaba allí tuve suerte y me estuvieron dando no sólo las formaciones que correspondían al puesto, sino que además me formaron para todas las secciones del departamento de atención al cliente y pude colaborar en proyectos de mejora de la tienda.

Luego, como autónomo, tuve la suerte de poder hablar con empresarios del sector industrial y aprender mucho de su experiencia, a parte de poder aprender mucho de cómo funcionan las empresas pequeñas, llevar administración, desarrollo de productos, interacción con los clientes, resolución de incidencias, me reciclé en programación web y CSS para poder hacer la web, tuve que aprender a utilizar programas de dibujo vectorial, trabajos a escala, croquis para máquinas de control numérico…

Más tarde, cuando la crisis apretaba y tuve que buscarme trabajo por cuenta ajena fui a parar a Editorial Planeta. Allí tenía que hacer un trabajo con el que no me sentía a gusto, en el que no creía y en el que, si yo fuera mi cliente, no me compraría el producto (ni a ninguno de mis compañeros) por más dinero que tuviera. Pero tenía su lado bueno, por suerte, y pude aprender mucho de los formadores, de los jefes, de técnicas de venta, de comunicación, de fracasar, de volver a fracasar, de ponerse de pié, de seguir peleando, de picar más puertas y llamar a más clientes. Y aprendí que vender es un juego en el que debes conseguir ver lo que te interesa del cliente (cosas en común) antes de que él vea claramente lo que estás haciendo o hacia dónde encaminas la venta. Pero no me gustaba esta venta, era muy agresiva y tenía que superar algunas barreras morales que no me gustaban, así que tras 3 meses y poco dejé de trabajar para ellos y me vi celebrando el 2 de enero en la cola del INEM.

Empecé a buscar trabajo y el día 1 de febrero estaba trabajando de nuevo. En 2011 y ya en plena crisis (no como ahora, pero ya empezaba a apretar). Era un trabajo por un mes y medio como teleoperador haciendo encuestas de satisfacción en una empresa que parecía seria, pero cuando haces entrevistas todas parecen serias y súper importantes, y en todas tienes siempre “posibilidades de desarrollo”, así que nunca te fías.

Total, que empecé a trabajar allí y todavía sigo trabajando con ellos, lo único que he ido cogiendo más responsabilidad cada vez y ahora soy yo el que está llevando algunos equipos. Y no sólo eso, sino que estoy recibiendo formaciones constantes en atención al cliente y no sólo eso, sino que además he tenido la suerte de que me escogieron para ir a hacer formaciones exclusivas a la sede central de la marca para la que trabajo en Alemania…

Y en todo este proceso la suerte ha intervenido muy poco.

No es un post auto-motivacional ni de auto-bombo. Tampoco es un CV ni una carta de presentación.

Simplemente intento demostrar una cosa: si tienes actitud, no tienes todo lo que necesitas. Pero si no tienes actitud, no tienes nada.

Los equipos que llevo siempre me miran mal cuando les doy un trabajo y les digo “disfrutad”. Esta frase la decía siempre mi jefe en Planeta, y me lo tomaba en broma, al principio. Después entendí que disfrutar es básico, es lo que hace que nos resulte más fácil levantarnos al tropezar y es lo que hace que los triunfos nos sepan mejor.

Disfrutar no debería ser un objetivo optimista. Debería ser una parte imprescindible del día a día.

Si no conseguimos disfrutar haciendo nuestro trabajo, no podemos seguir adelante: nos estaremos consumiendo por dentro. No digo que dejes el trabajo, sino que empieces a buscar algo que te llene y, si puedes, que intentes ir generando dinero con eso hasta que, al final, puedas dejar el trabajo-sangüjuela. Además, puede que otra persona sí que se divierta con ese trabajo: algunos seríamos pésimos bibliotecarios o instructores de vuelo en parapente, pero hay mucha gente que le encantaría poder trabajar entre libros o volando libre.

Igualmente es muy importante plantearse los trabajos como un aprendizaje constante, pero que hay que ir superando constantemente. Si tienes un trabajo que no te gusta y no buscas nada, plantéate por qué lo haces. Si es porque algo te lo impide, no pasa nada, pero si es porque “no hay nada mejor” vuelve a buscar. Llama a la siguiente puerta y ofréceles tu producto: tú. Véndete bien, mejora la forma en que te comunicas, mejora la forma en que te ven, consigue detectar antes las necesidades de tu cliente (el que te dará el trabajo) antes de que él identifique tus defectos para poder potenciar tus virtudes a tiempo.

Como dijo Steve Jobs en su discurso de Stanford:

Cuando tenía 17 años leí una frase que era algo así como “si vives cada día como si fuera tu último día, alguna vez tendrás razón”. Esto me impresionó, y desde entonces, durante los últimos 33 años, me he mirado al espejo cada mañana y me he preguntado: “si hoy fuera el último día de mi vida, haría lo que voy a hacer hoy?” Y cuando la respuesta ha sido “No” por demasiados días seguidos, sabía que debía cambiar algo.

[…]

Tu tiempo es limitado, así que no lo pierdas viviendo la vida de algún otro. No te quedes bloqueado por el dogma – que supone vivir con los resultados que otra persona te pone. No dejes que el ruido de las opiniones ajenas te impida oír tu propia voz. Y más importante, ten el coraje de seguir tu corazón y tu intuición. Ellos, de alguna forma, saben lo que realmente quieres ser. Lo demás es secundario.

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