Lo sé.

Esta semana he hecho campana muchos días. De hecho, sólo publiqué el lunes.

Intentaré mantener un mínimo de entradas semanales 🙂

Pero la entrada de hoy es especial.

Los que me acompañan a veces en el desayuno, en la comida, en cenas, en cafés a media tarde o en viajes de metro saben que llevo mucho tiempo trajinando arriba y abajo una libreta de ideas. En esa libreta voy apuntando cosas que se me ocurren, ideas (por más que parezcan ideas de bombero), problemas que veo en mi entorno que podrían solucionarse o lo que voy viendo. Dije hace no mucho que una de las técnicas que uso para conseguir tener ideas e ir mejorando mi capacidad para conseguir imaginar una empresa era hacerlo cada día.

Pues bien, de esa cabezonería de ir insistiendo y perdiendo tiempo en ideas que se han quedado en el tintero he ido aprendiendo mucho (mucho más que en muchas horas de clase que pudiera hacer!). Y ese aprendizaje me ha llevado a tener dibujada, definida e ideada una empresa que es algo más que una idea de bombero. Es ese momento en el que dices “creo que sí”. Pasa lo mismo con las canciones. Es un momento mágico.

Pero tras el momento etéreo, la sensación de haber encontrado algo, toca trabajarlo, sudarlo, sufrirlo, crecerlo y disfrutarlo. Todo a la vez. Por causalidades (no, no está mal escrito) de la vida ayer me topé con este vídeo. En él se ven empresarios de éxito de nuestro país que sufrieron cuando nadie daba un duro por ellos y ahora son referencia en su ámbito.

El éxito no es fácil. Ni viene solo. Ni viene sin errores ni fracasos. El que no se equivoca nunca ni fracasa nunca es el más frágil de todos.

Disfruta del vídeo. Y míralo cuantas veces quieras… y siempre que estés de bajón.

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