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El horizonte en la Platja dels Eucaliptus

El horizonte en la Platja dels Eucaliptus (Delta de l’Ebre, Tarragona)

El ritual de ir a la playa cuando era pequeño solía ser siempre el mismo. Levantarse, desayunar, hacer bocadillos para todos, ducharse, coger las cosas, ver que no nos dejábamos nada (3 niños pequeños siempre hacen ir un poco de cráneo, dicen), meternos en el coche, hacer 20 minutos de trayecto como mínimo y una hora cuando íbamos muy lejos, plantar la sombrilla y las cosas, ponernos protector solar (siempre hemos sido todos bastante blancos) y al agua.

Cuando ya llevábamos un rato en remojo, mi madre nos llamaba para que saliéramos del agua a comer. A esa hora ya se había descongelado buena parte del agua que había en la botella y teníamos agua fría y bocadillos de pan con tomate y salchichón, jamón en dulce o chorizo, según hubíeramos dicho por la mañana a quien le tocara hacerlos, y nos poníamos a comer. Normalmente todos apretados bajo la sombrilla. Pero como que yo quería aprovechar al máximo el rato de agua, me comía el bocadillo con los pies en el agua. Durante ese rato, y mientras esperaba a que me dijeran que ya me podía bañar tras haber hecho la digestión, solía quedarme un buen rato embobado mirando al mar, pero no a cualquier punto. Miraba “la raya”, el horizonte.

Recuerdo una conversación, no sé si con mi padre o con mi madre. Yo ya sabía que la Tierra era redonda… pero no entendía cómo podía ser posible que la tierra fuera redonda… y se viera una línea tan clara del límite! Ahí deberían verse las Baleares o incluso África! Pero no. La línea era absolutamente recta y no había ninguna imperfección o ninguna cosa que sobresaliera. Le pregunté que cómo podía ser eso, que qué era el horizonte y por qué era tan recto y, lo que más me inquietaba: qué pasaba al llegar allí!

Me dijo que el horizonte era, simplemente, el sitio donde ya no se ve más allá de la tierra porque esta baja como si fuera una montaña, y que por eso no se veía más allá, pero que los barcos nunca llegan al horizonte como tal, no es un desnivel ni un cambio de rasante ni nada. Y me dijo una cosa que me dejó muy intrigado: “tú ves el horizonte muy lejos, pero ese barco que hay allí y que te parece que tiene el horizonte muy cerca lo ve tan lejos como tú”. Es decir: es imposible alcanzar el horizonte.

Este verano he estado en Deltebre, en el corazón del Delta del Ebro y he podido visitar todas las playas del Delta. Allí, lejos de Barcelona, con viento y con playas relajantes y tranquilas, me he vuelto a quedar embobado mirando el horizonte. En realidad el horizonte no deja de ser aquello a lo que aspiras, aquello que te mueve, aquello que te hace avanzar y que da un sentido a tus pasos, pero no hay que olvidar una cosa: nunca alcanzarás el horizonte, que no sea este tu objetivo.

Cuando uno hace un Business Plan o quiere presentar su empresa, suele incluir tres ideas: Visión, Misión y Valores.

Con esto podemos hacernos una idea de cómo son, qué quieren, y cómo lo quieren conseguir.

La visión es el horizonte. Aquello a lo que aspiras, el sueño, la ilusión, lo que te ha hecho llegar hasta allí y lo que guiará tus pasos. No deja de ser el PORQUÉ de la empresa.

La misión es la meta. Aquello que estás construyendo, lo que conseguirás, lo que entregas, tienes entre manos y creas. Es el QUÉ de la empresa, siguiendo la analogía anterior.

Los valores son la forma de conseguir aquello que nos hemos propuesto. Y es tan importante como las otras dos, porque es la que dice cómo trabajamos, cómo conseguimos lo que conseguimos…

Esto, que lo aplican cada día las empresas, te lo has aplicado alguna vez a ti mismo?

Te has planteado cuál sería tu visión, tu misión y tus valores?

Ya no es decir “qué quiero ser de mayor”, es decir qué es lo que me hace feliz? Qué es lo que, sin querer, tengo todo el día en la cabeza? Porque eso es lo que realmente te mueve.

Y tu misión? Te pones objetivos a medio y corto plazo? Miras qué es lo que te gustaría hacer e intentas perseguirlo? Analizas por qué no lo has conseguido y vuelves a intentarlo?

El cementerio donde van las marcas demasiado orgullosas.

Donde van las marcas demasiado orgullosas…

A poco que busques actualmente sobre empresa y cómo arrancar una start-up aparecerá muchas veces la palabra LEAN.

La filosofía Lean, que significa austero, delgado, flaco… la introdujo de forma masiva Eric Ries con su libro The Lean Startup, aunque el concepto no lo inventó él, se le considera el padre del invento.

Es una filosofía de empresa basada en 5 principios muy muy simples:

  1. Emprendedores hay en todas partes, no necesitas estar en un garaje para serlo
  2. Emprender es ser director. Una startup es una institución, no sólo un producto, y requiere una dirección adecuada al contexto.
  3. Aprendizaje validado. Las startups no existen para hacer cosas, dinero o atender a clientes. Existen para aprender cómo construir negocios sostenibles. Este aprendizaje puede ser validado científicamente construyendo experimentos que permitan confirmar cada elemento de nuestra visión (nuestras hipótesis).
  4. Contabilidad innovadora. Para mejorar los beneficios emprendedores y conseguir rentabilidad, necesitamos concentrarnos en la parte aburrida: cómo medir el progreso, cómo fijar contadores, cómo priorizar trabajo… Esto requiere un nuevo tipo de contabilidad, específica para startups.
  5. Construir-Medir-Aprender. La parte fundamental de la actividad de una startup es convertir ideas en productos, medir cómo responden los clientes y entonces aprender si pivotar o perseverar. Todos los procesos exitosos de una startup deben ser utilizados para acelerar este bucle de feedback.

Pero todo esto, en realidad, se puede aplicar a cualquier negocio, proyecto, equipo, departamento o incluso de forma personal.

Pero considero que en estos cinco puntos hay tres conceptos clave:

  • Adecuarse al contexto. Es importante saber en qué campo se está jugando, puesto que la misma frase en distintos contextos puede dar resultados absolutamente opuestos. A mis equipos siempre les digo que “jueguen” con el cliente. Y lo digo por dos motivos: hace que el cliente se sienta más cómodo y, además, implica que se obliguen a intentar conocer al cliente en muy pocos segundos para adaptarse no sólo al nivel del lenguaje, sino a la forma de hablar, la forma de aproximarse al cliente…
  • Medir adecuadamente. Sabéis que esta es una de mis obsesiones. Medir sin ton ni son ni aporta información ni beneficio. Es más, todo lo contrario: cansa a los clientes, quema a los empleados y da la sensación de que o bien no se sabe qué se hace o bien que el cliente pierde el tiempo porque no se hace nada al respecto. Saber medir, hacerlo en la frecuencia adecuada y saber interpretar las métricas es clave para cualquier negocio proyecto… Como ya dije hace unas semanas, para poder medir bien el primer paso es fijar objetivos bien aplicados como los objetivos SMART.
  • Bucle de feedback. Aquí es donde las ciencias empresariales dejan de ser “cosas de empresa” para convertirse en una ciencia. Es donde entra en juego el método científico. Este método se basa en 6 pasos: observación, inducción (extraer la información), hipótesis, experimentación de la hipótesis, demostración o refutación (aquí es donde se hace el bucle) y tesis o teoría científica. Este bucle es el mismo que se hace en el punto 5 anterior y que se muestra perfectamente en la imagen de aquí abajo:
El bucle de feedback

El bucle de feedback

Este tipo de acciones y propuestas son las que permiten que pequeñas empresas tengan capacidad para superar situaciones como la actual y la que, en muchos casos, hace que empresas como las que salen en el dibujo que ilustra el post acaben en el cementerio: no adaptarse, sobre-analizar, quedarse bloqueado en el statu quo, no tomarse la competencia en serio…

Conoces este método? Lo has aplicado? A qué nivel (start-up, departamento, proyecto, equipo, personal…)? Conoces alternativas y herramientas surgidas de esta filosofía como Lean Canvas y similares?

JobCon (Job Condition)

JobCon (Job Condition)

Recientemente, y de rebote, me llegó una oferta de trabajo. Es algo poco frecuente estos días, el hecho de que las ofertas lleguen a ti en lugar de ir tú, ávido, a por ellas, y hablando con un amigo que está buscando trabajo me planteé por qué yo no busco trabajo pero escucho ofertas o, como decía hace poco, el hecho de plantearse cada mañana si lo que haces te llena o no.

Al final con conseguí el trabajo, pero la situación me hizo pensar. El mismo día en que me dijeron que no fui al gimnasio y, después de sudar, me fui al rincón de pensar: la piscina de hidromasaje. Ahí me desconecto de todo, sólo escucho la corriente de agua y las burbujas y puedo pensar y estructurar muchas cosas (lo malo es que no puedo apuntar, tengo que ir tomando nota mental de todo).

Pensando y pensando llegué a que, igual que los famosos estados de alerta DEFCON (proviene de DEFense CONdition) de USA, hay 5 estados diferentes de trabajador. He decidido llamarlos #JOBCON (JOB -trabajo en inglés- CONdition).

  1. Funcionario: tengo trabajo y no me muevo ni genero trabajo. Es un estado peligroso, puesto que cualquier variación en el sistema te dejará fuera de juego. En mi opinión debería activarse este estado cuando haya que priorizar otras cosas por encima del trabajo (por necesidad de tiempo, dinero, familiares…), pero este estado tiende a generar un estancamiento peligroso.
  2. Empleado: tengo trabajo, pero genero trabajo en mi entorno. Si me llega alguna oferta de trabajo podría estudiarla si es una mejora clara. Debería ser el estado base de cualquier trabajador. Es el que se aplica cuando empiezas en un nuevo trabajo o posición (o el que aplico yo): escucho y miro qué se mueve a mi alrededor. Igualmente, genero trabajo produciendo beneficio tanto para mí como para el trabajo y me hace estar activo mentalmente.
  3. Proactivo: tengo trabajo, genero movimiento a mi alrededor, busco ofertas de trabajo que me puedan interesar para ver si me suponen una mejora en mi día a día. Es parecido al anterior, pero la inquietud y las ganas de generar trabajo superan lo que te permite tu trabajo, con lo que empiezan a “desbordar” tus ganas sobre lo que puedes hacer, así que empiezas a necesitar algo más (generado por ti o trabajando para otros, pero necesitas algo más de lo que tienes).
  4. Buscando trabajo: tengo (o no) trabajo, pero busco trabajo que me permita cambiar mi día a día. Has llegado a la conclusión de que necesitas algo más y necesitas cambiar de aires o bien estás buscando trabajo, pero te puedes permitir filtrar las ofertas a las que te inscribes, es decir, no envías 150 CV diarios, sino que envías 15 pero a empresas seleccionadas, con el CV adaptado a lo que la empresa busca o necesita, con carta de presentación, intentando generar contactos a través de LinkedIn… En mi opinión este debería ser el estado normal del que busca trabajo, no es matar insectos a cañonazos, es apuntar y disparar tu CV. Suele ser también el estado en el que se encuentra un emprendedor que está empezando su proyecto pero que sigue manteniendo su trabajo hasta que o bien la empresa empiece a generar beneficios o bien tenga que escoger entre su empresa y el trabajo por cuenta ajena.
  5. Necesitando trabajo: no tengo trabajo y busco cualquier tipo de trabajo sea cual sea el ámbito y esté o no relacionado con mi carrera. Por desgracia actualmente se está dando este caso en demasiadas situaciones. Es importante intentar racionalizar mínimamente los filtros y adaptar el CV a las ofertas. No hace falta generar uno por cada oferta si ya hemos llegado a este punto, pero sí que podemos intentar generar varios currículums según los sectores (atención al cliente, ventas, trabajo mecánico, almacén…).

Es importante ir generando marca personal en todo momento. Normalmente en el 1 no se tiene inquietud, necesidad ni voluntad de hacerlo, pero desde el momento en que empiezas a escuchar ofertas (buscándolas tú o esperándolas), es importante moverte por blogs del sector en el que trabajas o te gustaría trabajar, seguir gente del ámbito que nos interesa en Twitter, contactar con gente con la que hayas trabajado y te interese “tener cerca” en LinkedInbuscar trabajo es un proceso a largo plazo. No podemos despertarnos cuando nos quedemos en el paro, sino que hay que empezar el proceso en el momento en el que empezamos en un trabajo nuevo (podemos darnos una pausa mental mínima en función del tipo de trabajo o la duración).

Tú en qué #jobcon te encuentras?

Si me lees con frecuencia sabrás que una de las preguntas que más me hago a la hora de vender, plantear la satisfacción del cliente… es “por qué?”.

La semana pasada Javier Megías publicó en su blog un post que se titulaba “TU MOTIVACIÓN AL EMPRENDER DICE MUCHO DEL FUTURO DE TU STARTUP“.

Como siempre digo, emprender y la carrera laboral (por más que sea por cuenta ajena) van muy de la mano, con lo que puedes hacerte estas mismas reflexiones sobre tu trabajo y ver qué resultado tienes y si te gusta o no (y actuar en consecuencia si lo consideras necesario!).

Sólo me gustaría destacar dos frases y añadir una cita al respecto porque no puedo añadir mucho más a lo que comenta Javier:

En mi experiencia las startups que han triunfado (y qué es alcanzar el éxito depende mucho de cada uno) son empresas en las que el fundador es alguien como tu y yo pero que ha tenido el valor de perseguir su sueño (pasión+propósito), y no alguien que estaba buscando una forma de ganar dinero y tener trabajo (supervivencia).

[…]

Y es que una de las frases que más escuchas cuando tratas con emprendedores “pata negra” y les preguntas por qué se metieron en el lío que de emprender es:

…porque era la única forma que tenía de llenar un vacío en mi interior

Y la cita es una frase que dicen (no sé si es verdad) que es la que usaron Steve Jobs y Steve Wozniak para convencer a John Sculley para que éste abandonara su puesto de vicepresidente de Pepsico y se incorporase como CEO en una incipiente Apple que poco después presentaría sus dos primeros productos estrella: Lisa y Macintosh:

“Quieres vender agua azucarada pro el resto de tu vida, o quieres venir con nosotros y cambiar el mundo?”

Yo estoy intentando poner en marcha un proyecto ahora mismo y he planteado otros con anterioridad (que no llegaron más allá de mi libreta de ideas o mi ordenador), pero en todos los casos había un punto en común: la voluntad de cambiar un mercado, aportar valor e ideas. Intentar hacerlo crecer y avanzar.

Y vosotros… ¿por qué emprendéis? ¿por qué trabajáis donde trabajáis?

Viernes por fin!

Hoy no pongo un post completo normal. De hecho es casi un micro-post (menos de 200 palabras!).

Hoy quiero volver a apostar por el optimismo. Hoy me hago eco de una propuesta que Carlos Bravo (CEO de Coguan) hizo en su blog: escribir tres cosas buenas que nos hayan ocurrido ese día.

Hoy simplemente os invito a que, cada día, hagáis una pequeña lista con 3 cosas buenas que os hayan pasado ese día y que os vayáis a dormir pensando en esas cosas buenas. Compartidlas con todos, si queréis, o simplemente pensad en estas cosas, pero si lo último que tenéis en mente antes de dormiros son 3 ideas positivas, dormiréis mejor y os levantaréis con mejor actitud.

Además, creo que la única forma de salir de esta crisis es desde el optimismo y desde la actitud. Tal como dije:

si tienes actitud, no tienes todo lo que necesitas. Pero si no tienes actitud, no tienes nada

The idea Factory (by Tom Fishbourne)

O la gracia de ir contra-corriente…

El pasado sábado me compré el diari Ara para leer unas entrevistas que habían hecho a varias personas del sector editorial a raíz del cierre de la mítica librería Catalonia.

En este especial del Ara Llegim Marià Marín, secretario técnico del Gremi de Llibreters de Catalunya, decía lo siguiente:

El sector editorial ha desacelerado la inversión en la conversión digital, teniendo en cuenta que los últimos resultados no han superado los 70 millones de euros. “Tanto en Catalunya como en España la cifra todavía no supera el 3%. Estamos tres veces por debajo de las descargas de e-books respecto a países que tienen el mismo número de dispositivos. Esto quiere decir que el pirateo no es anecdótico.

La mayoría de los que me conocéis sabéis que soy músico y que en estos momentos estoy presentando disco (que se puede escuchar gratis). Además, los que me conocéis mejor, sabéis que me gusta ver series y películas y tal. Es decir, dos mercados que se han visto claramente afectados por Internet.

Y considero que lo que dice Marià Marín muestra los mismos miedos y la misma incomprensión hacia Internet que tuvieron y siguen teniendo las discográficas, las productoras, las distribuidoras… Y el mismo miedo que tiene un empleado que ha estado trabajando 30 años en un puesto que ahora es innecesario porque él, que compra ropa hecha en china para poder tener un coche más caro, trabaja como responsable de ventas de una empresa textil que tiene que irse a china para poder fabricar y no se ha preocupado por formarse continuamente.

Es imprescindible estar atento al mercado y ver cuáles son sus necesidades y qué es lo que busca. Si el mercado ha cambiado… puede que lo esté haciendo mal para lo que estamos acostumbrados, pero puede que a lo que estamos acostumbrados sea algo que es insostenible.

Es decir, Marià Marín se queja de la poca compra de e-books en este país y del exceso de pirateo. Bien, hago 4 preguntas:

  1. Qué coste tiene producir un e-book y qué coste tiene producir un libro clásico? (revisión orto-tipográfica, maquetación, diseño, ilustración…)
  2. Qué coste tiene distribuir un e-book y qué coste tiene distribuir un libro clásico? (fabricación, transporte, almacenaje, departamentos de ventas, comerciales sobre terreno, servidores…)
  3. Cuántas editoriales tienen tienda propia de e-books? Cuántas hacen publicidad de estas tiendas? Cuántas tienen un departamento de marketing para conseguir generar visitas y ventas desde sus propias tiendas online reduciendo intermediarios en los e-books?
  4. Si analizamos costes y beneficios… en serio les sale más rentable vender 10 e-books de 1984 por 10€ al trimestre que vender un libro cuya inversión (adquirir la licencia para comercializarlo) ya tienen más que amortizada en lugar de venderlo por 3€, hacerlo fácil y facilitar el movimiento?

El mundo de la música fue el primero en caer y todavía no se ha adaptado. En pocas horas saldrá al mercado MEGA, una propuesta de KimDotcom para retar al mercado de la música llevando los beneficios directamente a los autores. Mientras tanto, Netflix sigue sin entrar en España porque las tasas que se le imponen son astronómicas y el servicio de suscripción sería insostenible.

Se siguen teniendo las formas de actuar de un mundo en el que Internet no existía cuando las reglas han cambiado. El problema radica en que, si CBS emitiera directamente a todo el mundo, pudiendo ver su programación desde la web sin limitaciones por región, las empresas que tienen los derechos de distribución perderían mucho dinero. Pero, en un mundo en el que han cambiado tanto tantas realidades, es necesario replantear las estructuras para hacerlas más eficientes y más fuertes, y para permitir el nacimiento de nuevas formas y propuestas.

Estos tres sectores siguen remando contra-corriente. Su público está en aumento (cada vez hay más gente con ebooks en el metro, la gente cada vez busca más música, y el seguimiento de series de USA en versión original va al alza). El problema es que tienen que replantearse cuál es su negocio. Tienen que pivotar, tienen que buscar nuevas soluciones y tienen que hacer el esfuerzo de reinventarse. Y es duro y complicado. Pero la otra opción es cerrar y poner un McDonalds.

Todas estas empresas venden libros, discos o películas. No venden cultura. Pequeñas librerías van abriendo o aguantando buscando generar movimiento cultural. Pequeñas tiendas de discos apuestan por buscar aquellos que quieren descubrir, que quieren conocer y aprender. La diferencia es que los que apuestan por lo nuevo apuestan por una idea: que la gente lea, y puede que hoy compren aquí y mañana allí, pero si leen, comprarán. Si ellos pensasen “quiero que la gente me compre a mí o no me compre” estarían muertos.

Al hilo de lo que decía la semana pasada, ellos seguían mirando la carretera cuando la gente miraba el paisaje. Ahora conducen solos mirando la carretera y el autobús está vacío, pero el paisaje está cada vez más espectacular.

La importancia de la actitud

Hace 2 años estaba gestionando por primera vez en mi vida los papeles del paro en el INEM. La verdad es que yo en lo que respecta al trabajo siempre he tenido suerte. Desde los 19 años he estado siempre trabajando. Abrieron una tienda IKEA cerca de casa, fui, y tras una selección masiva de personal que parecía más un casting tipo Operación Triunfo (era lo que estaba de moda entonces) me cogieron con contrato indefinido y me estuve hasta que decidí cambiar de trabajo. Mientras estaba allí tuve suerte y me estuvieron dando no sólo las formaciones que correspondían al puesto, sino que además me formaron para todas las secciones del departamento de atención al cliente y pude colaborar en proyectos de mejora de la tienda.

Luego, como autónomo, tuve la suerte de poder hablar con empresarios del sector industrial y aprender mucho de su experiencia, a parte de poder aprender mucho de cómo funcionan las empresas pequeñas, llevar administración, desarrollo de productos, interacción con los clientes, resolución de incidencias, me reciclé en programación web y CSS para poder hacer la web, tuve que aprender a utilizar programas de dibujo vectorial, trabajos a escala, croquis para máquinas de control numérico…

Más tarde, cuando la crisis apretaba y tuve que buscarme trabajo por cuenta ajena fui a parar a Editorial Planeta. Allí tenía que hacer un trabajo con el que no me sentía a gusto, en el que no creía y en el que, si yo fuera mi cliente, no me compraría el producto (ni a ninguno de mis compañeros) por más dinero que tuviera. Pero tenía su lado bueno, por suerte, y pude aprender mucho de los formadores, de los jefes, de técnicas de venta, de comunicación, de fracasar, de volver a fracasar, de ponerse de pié, de seguir peleando, de picar más puertas y llamar a más clientes. Y aprendí que vender es un juego en el que debes conseguir ver lo que te interesa del cliente (cosas en común) antes de que él vea claramente lo que estás haciendo o hacia dónde encaminas la venta. Pero no me gustaba esta venta, era muy agresiva y tenía que superar algunas barreras morales que no me gustaban, así que tras 3 meses y poco dejé de trabajar para ellos y me vi celebrando el 2 de enero en la cola del INEM.

Empecé a buscar trabajo y el día 1 de febrero estaba trabajando de nuevo. En 2011 y ya en plena crisis (no como ahora, pero ya empezaba a apretar). Era un trabajo por un mes y medio como teleoperador haciendo encuestas de satisfacción en una empresa que parecía seria, pero cuando haces entrevistas todas parecen serias y súper importantes, y en todas tienes siempre “posibilidades de desarrollo”, así que nunca te fías.

Total, que empecé a trabajar allí y todavía sigo trabajando con ellos, lo único que he ido cogiendo más responsabilidad cada vez y ahora soy yo el que está llevando algunos equipos. Y no sólo eso, sino que estoy recibiendo formaciones constantes en atención al cliente y no sólo eso, sino que además he tenido la suerte de que me escogieron para ir a hacer formaciones exclusivas a la sede central de la marca para la que trabajo en Alemania…

Y en todo este proceso la suerte ha intervenido muy poco.

No es un post auto-motivacional ni de auto-bombo. Tampoco es un CV ni una carta de presentación.

Simplemente intento demostrar una cosa: si tienes actitud, no tienes todo lo que necesitas. Pero si no tienes actitud, no tienes nada.

Los equipos que llevo siempre me miran mal cuando les doy un trabajo y les digo “disfrutad”. Esta frase la decía siempre mi jefe en Planeta, y me lo tomaba en broma, al principio. Después entendí que disfrutar es básico, es lo que hace que nos resulte más fácil levantarnos al tropezar y es lo que hace que los triunfos nos sepan mejor.

Disfrutar no debería ser un objetivo optimista. Debería ser una parte imprescindible del día a día.

Si no conseguimos disfrutar haciendo nuestro trabajo, no podemos seguir adelante: nos estaremos consumiendo por dentro. No digo que dejes el trabajo, sino que empieces a buscar algo que te llene y, si puedes, que intentes ir generando dinero con eso hasta que, al final, puedas dejar el trabajo-sangüjuela. Además, puede que otra persona sí que se divierta con ese trabajo: algunos seríamos pésimos bibliotecarios o instructores de vuelo en parapente, pero hay mucha gente que le encantaría poder trabajar entre libros o volando libre.

Igualmente es muy importante plantearse los trabajos como un aprendizaje constante, pero que hay que ir superando constantemente. Si tienes un trabajo que no te gusta y no buscas nada, plantéate por qué lo haces. Si es porque algo te lo impide, no pasa nada, pero si es porque “no hay nada mejor” vuelve a buscar. Llama a la siguiente puerta y ofréceles tu producto: tú. Véndete bien, mejora la forma en que te comunicas, mejora la forma en que te ven, consigue detectar antes las necesidades de tu cliente (el que te dará el trabajo) antes de que él identifique tus defectos para poder potenciar tus virtudes a tiempo.

Como dijo Steve Jobs en su discurso de Stanford:

Cuando tenía 17 años leí una frase que era algo así como “si vives cada día como si fuera tu último día, alguna vez tendrás razón”. Esto me impresionó, y desde entonces, durante los últimos 33 años, me he mirado al espejo cada mañana y me he preguntado: “si hoy fuera el último día de mi vida, haría lo que voy a hacer hoy?” Y cuando la respuesta ha sido “No” por demasiados días seguidos, sabía que debía cambiar algo.

[…]

Tu tiempo es limitado, así que no lo pierdas viviendo la vida de algún otro. No te quedes bloqueado por el dogma – que supone vivir con los resultados que otra persona te pone. No dejes que el ruido de las opiniones ajenas te impida oír tu propia voz. Y más importante, ten el coraje de seguir tu corazón y tu intuición. Ellos, de alguna forma, saben lo que realmente quieres ser. Lo demás es secundario.

Esta mañana ponía una reflexión en Twitter que me ha sorprendido la repercusión que ha tenido llegando a más de 100.000 followers entre retwits y menciones:

“Enviar UN CV es cómodo. Enviar EL CV es efectivo. Adáptate a quien te vaya a leer para que vea que eres el mejor candidato.”

Un amigo, en Facebook, me ha preguntado si, entonces, conviene quitar títulos del CV y añadir experiencia laboral inventada para suplir esos años de “inactividad” que hemos creado.

¿Inventar? Nunca.

Lo que sí que es vital es tener en cuenta las aptitudes necesarias para el trabajo. No necesitas un ingeniero para mozo de almacén. Necesitas una persona organizada y eficiente. Como vendedor no necesitas una persona con ADE, un posgrado y 3 investigaciones del comportamiento del comprador, buscarás una persona con don de gentes, empática, hábil para conducir al cliente hacia la decisión que interesa.

Si no lo ves claro: cambia el punto de vista. Cuando compras un coche no buscas el par motor que tiene a 2500rpm, miras la potencia. No miras la relación de marchas, la compresión y el cubicaje: miras el consumo. Si nosotros queremos tener la información que entedemos, la que nos sirve para tomar la decisión de compra, ¿por qué vamos a inundar a la persona encargada de realizar la selección con datos que, en realidad, no le aportan demasiada información? Los títulos demuestran unas aptitudes generales en determinadas cosas, pero probablemente nos interese más demostrar que nosotros nos adaptamos al trabajo que tenemos que hacer, que podemos aportar a la empresa de muchas formas, que no la cantidad de títulos que poseemos.

Cuando buscamos trabajo, somos anuncios, y los que hacen la selección son los compradores. Cuando quieres comprar un coche o una casa, miras mucho y bien: es un desembolso de los importantes que harás en la vida. Hay una oferta relativamente baja, pero también hay una demanda relativamente baja, la publicidad no es tan agresiva, puesto que el cliente va a buscar la información. Lo mismo pasa cuando buscan altos directivos y personal para puestos con alta responsabilidad: hay pocas vacantes y, pese a que actualmente hay muchos más currículums en las mesas de recursos humanos, hay pocos candidatos a estos puestos.

No es lo mismo cuando lo que quieres comprar es un paquete de arroz, de macarrones, unas olivas de lata… no te fijas tanto. Buscas que te sirva para lo que necesitas. En estos casos, normalmente compras el que está en una cabecera del pasillo del súper, el que tiene al lado un cartel que anuncia “OFERTA”, el que tiene un stand especial, el que tiene publicidad en los pasillos, en el suelo, el que tiene el paquete de color radicalmente diferente al resto… Es decir, el que compras es el que más ves, puesto que pese a haber mucha gente que quiere comprar estos productos, suele haber muchísimos productos. De hecho, si cambias de supermercado, encontrarás otras marcas. En estos casos, el que destaque, pese a ser de inferiores características, pese a ser menos sabrosos, menos sanos, menos ecológicos, incluso pese a ser más caros sin motivo: será el que compremos en la mayoría de caso. Lo mismo pasa con los CV: si el nuestro es el que demuestra ser el más apto, el que más se adapta a lo que requiere el puesto, el que mejor servicio ofrecerá a la empresa, pasará las primeras cribas y nos permitirán llegar a la entrevista personal, donde ya serán nuestras aptitudes personales directas las que se pondrán a prueba. En estos casos, el que llega antes a la cabeza del que hace la selección es el que consigue la pole position para el trabajo.

¿Has aplicado esta forma de enviar tu CV últimamente? ¿Cómo lo haces tú?